“Espera un momento, toma un respiro y pregúntate a ti mismo por qué estamos aquí. Pregúntate a ti mismo qué somos. Somos víctimas privilegiadas: ricos, pero sin valor; gordos, pero hambrientos; entretenidos, pero aburridos; fuertes, pero sin poder; creando, pero estando muertos; conectados, pero solitarios. Conocemos todo, pero no entendemos nada…“ Sinew – Sin nada de nada. ♫
La humanidad ha muerto.
Hoy mientras estaba en mi clase de Gobierno y Opinión Pública, me sembraron una inquietud con respecto a lo que los jóvenes estamos considerando para ejercer nuestro derecho al voto. Mientras algunos discutían sobre la importancia de las propuestas en pro de una sociedad democrática, otros mencionaron la relevancia de la generación de empleos para jóvenes sin experiencia laboral.
Comencé, entonces, a buscar estadísticas en nuestro país sobre la participación económica que tiene una /generación nini/ como lo es (desafortunadamente) la mía. No es que pretenda reprender a mis compañeros, en algo que ni yo he tomado iniciativa como tal. Es que simplemente a diario escucho quejas de mis amigos, y conocidos. Buscamos empleo y decimos que no hay oportunidad para jóvenes que, a la vez, queremos estudiar y trabajar.
Así, me encontré con un par de artículos que mencionaban “la generación cangrejo” y la controversia que esta definición desata. Algunos piensan que nuestros padres (a nuestra edad) tenían mejores condiciones de vida y podían desarrollarse con mayor facilidad económicamente hablando. Algunos ya mantenían una casa e hijos a la edad de 24, mientras que muchos de nosotros no hemos (o han) podido salir de casa a los 26 o 27 años.
Para 2012 (febrero), de acuerdo con datos del INEGI, de la población que es mayor a 14 años, sólo alrededor del 58% es económicamente activa. Del otro 41% de la población actual desocupada, 35% ha concluido sus estudios superiores (o media superior). Sólo 14% de la población “desocupada” no tiene experiencia laboral, a nivel nacional. Y la edad promedio de la población económicamente activa es de 37.7 años (hombres y mujeres). Del total de personas (con nivel de estudios de media superior y superior), 22% son subempleados.
¿Y qué estamos haciendo para cambiar esta situación? La principal comparación de nuestra generación con la de nuestros padres, en donde se argumenta que nosotros “tenemos las de ganar”, es que actualmente tenemos mayores oportunidades de desarrollarnos educativamente y concluir una carrera (e incluso posgrados) que asegurarán un mejor estilo de vida y poder adquisitivo.
Sin embargo, del total de la población en nuestro país (112, 336, 538 según las cifras del INEGI al 2010), sólo 36, 467, 510 tienen la primaria concluida (mayores a 5 años). Alcanzando 8.6 grados de escolaridad de la población mayor a 15 años que ha estudiado (2010).
El problema, entonces, quizás no sea la educación, ni las oportunidades de empleo que se ofrecen, sino las acciones que nosotros estamos llevando para cambiar esta situación…
Actualmente, ¿cuántos de nosotros tenemos la visión de “autoemplearnos”? Creo que nuestros padres no tuvieron mayores ventajas que nosotros, al contrario. Fueron esas situaciones “precarias” las que los impulsaron a luchar por una vida mejor a largo plazo. ¿Y nosotros? Nosotros vivimos en la inmediatez, y todo aquello que no nos genere beneficios a corto plazo, lo desechamos.
No es el gobierno, ni las empresas, ni la economía global lo que nos pone trabas. Somos nosotros. Si bien es cierto que no es sencillo comenzar a generar un negocio propio mientras estudiamos, también lo es el hecho de que ni lo intentamos. Yo me pregunto, ¿si las empresas no están dispuestas a ofrecernos un trabajo de medio tiempo, por qué no lo hacemos nosotros mismos? Se dice sencillo, pero aún los que están haciendo un esfuerzo por cambiarlo, no reciben apoyo ¡de los mismo jóvenes! Actualmente existen diversos proyectos (y hablo en particular desde “mi medio” –el periodismo y la fotografía-) que surgen de varios lugares del país que no están siendo apoyados. Desde músicos y artistas, hasta medios alternativos de difusión que intentar cambiar las cosas. Jóvenes que están tomando partido por sus propias manos para cambiar esta situación de la “generación nininini..” que ni estudia, ni trabaja, ni lo intenta, ni apoya, ni se esfuerza, ni… ¿Y qué reciben? Nada.
Preferimos seguir consumiendo lo que nos venden grandes empresas, en todos los sectores: música, comida, ropa, información, servicios. Y no es que no haya otras opciones, es que simplemente como no son “reconocidas”, no las tomamos en cuenta porque dudamos de la calidad.
Pese a los múltiples argumentos en las mejoras de vida en cuanto a salud, regulación de la tasa de mortalidad y natalidad, calidad en la educación, etc., me parece que sí somos una generación cangrejo. ¿Qué sería de nosotros sin el apoyo (principalmente económico) de nuestros padres? Nos pagan todo. Ya no digamos la vivienda, alimentación, vestimenta, educación… Aceptamos (y a veces hasta los estafamos) su ayuda monetaria inclusive para la gasolina de un coche que ellos nos pagaron, las fiestas masivas a las que no dejamos de asistir aunque tengamos obligaciones escolares (y en el mejor de los casos pendientes laborales), los cigarros que fumamos, las computadoras que utilizamos, y un sin fin de cosas que “necesitamos”.
Tampoco pretendo dar un sermón de la apatía que tenemos, eso ya lo sabemos todos. Sin embargo, ¿cómo nos atrevemos a ir por la vida quejándonos del mal gobierno que tenemos, la economía que nos afecta a diario, la pésima calidad educativa en diversos estados del país, la contaminación que nos aqueja, si no hacemos algo para nosotros mismos? Nos molestamos por gente que quiere de vuelta un Estado paternalista, sin darnos cuenta que jamás hemos querido salir de ahí, de la inercia colectiva.
Lo único que nos es menester comprender, es que el cambio sí está en nosotros. Que si no tenemos “la fuerza” para comenzar un negocio propio, o innovar en nuestro campo, al menos deberíamos preocuparnos por buscar más opciones, y en vez de tirarle mala leche a las personas que se interesan por proponer, apoyar los proyectos que en algún momento nos darán trabajo.
.nigorette.
*Término acuñado por el diario El País

